BLOQUE II. MODELOS ECONÓMICOS EN MÉXICO (1970 - 1982) Modelos económicos en México previos a 1970
El desempeño de la economía mexicana en los tres decenios
previos a 1970 fue muy acelerado y transformó al país y su sociedad. El
crecimiento vino aparejado por el aumento de la población y de las ciudades, de
la producción y de muchos indicadores sociales, como la educación, la salud y
la esperanza de vida.
El modelo económico que siguió el país en esos años se
denominó de diversas maneras, según su óptica de análisis: “desarrollista”, “de
sustitución de importaciones”, “desarrollo estabilizador”, “desarrollo hacia
dentro”, entre otros. Cada una de estas maneras de denominarlo subraya diversas
características de la forma como se desenvolvió la economía y sociedad del país
desde los años treinta hasta 1970. A continuación te presentamos los
antecedentes de este modelo económico.
Concepción del Estado Benefactor
La respuesta del presidente Roosevelt fue el llamado New
Deal (Nuevo Pacto), que consistía en implementar una serie de programas de
apoyo al desempleo a través del desarrollo de obras públicas que utilizaran la
mano de obra en forma intensiva, a la vez que sirvieran de inversión para
lograr un desarrollo futuro, así como acciones para la recuperación de los
precios que habían caído de modo significativo por medio de compras del
gobierno de esos productos para luego entregarlos a la población más pobre,
apoyos a los desempleados, jóvenes y adultos mayores mediante ayuda
alimentaria, estímulos a la industria y la agricultura. El New Deal también
incluyó una serie de reformas a las regulaciones bancarias para evitar un nuevo
colapso financiero. Todas estas acciones impulsaron la economía y el bienestar,
aunque fue hasta la Segunda Guerra Mundial que la economía estadounidense llegó
nuevamente al pleno empleo, al reactivarse la industria relacionada con las
actividades militares.
Ante tales penurias el gobierno no podía hacerse a un
lado y esperar que las cosas se arreglaran por sí mismas. Ése fue el inicio del
llamado Estado Benefactor, que surgió por las consecuencias de la depresión
mundial. Los gobiernos no podían quedarse de brazos cruzados mirando cómo
grandes grupos de la población estaban mendigando en las calles, en busca de
empleo sin poder encontrarlo. La función del gobierno se modificó para hacerse
cargo del bienestar de su población. Algo semejante ocurrió en otros países,
que tuvieron que enfrentar la crisis social que se desató tras la crisis financiera
de 1929 y que luego se agravó tras los estragos de la Segunda Guerra Mundial. México
no estuvo exento y la crisis lo golpeó al disminuir las exportaciones mexicanas
que iban a Estados Unidos, y con ella la disminución de la actividad
agropecuaria e industrial y el consecuente pago de impuestos que el gobierno
cobraba a las empresas exportadoras. Como el gobierno había declarado la
moratoria de su deuda externa años atrás, y tampoco tenía manera de pedir
prestado dentro de México, no pudo aumentar su gasto para invertir en obras que
dieran trabajo a la gente y evitaran así el desempleo. Además, el gobierno de Estados
Unidos repatrió a 300 mil trabajadores mexicanos, lo que agravó el problema de
desempleo en México. Nuestro país fue uno de los más afectados en América
Latina por la Gran Depresión en cuanto a la contracción del Producto Interno
Bruto se refiere, sólo superado ligeramente por Chile. La crisis se prolongó
por más de tres años. El peso mexicano se depreció frente al dólar, lo que hizo
más caras las importaciones (porque el dólar era más caro). La gente prefirió
adquirir lo que se producía en México, que era más barato, y así se empezaron a
revitalizar las ventas de las empresas mexicanas. Además, el gobierno comenzó a
imprimir dinero para aliviar la falta de crédito y la grave escasez de billetes
y monedas en circulación. Incluso ya había regiones de México en que a falta de
dinero se utilizaba el trueque. De 1931 a 1932, el gasto público aumentó más
allá de la recaudación fiscal y la depreciación del peso continuó hasta 1935.
Todo eso ayudó a que la gente tuviera nuevamente ingresos, gastara más y las
empresas tuvieran la necesidad de producir. De esta manera, y conforme las
exportaciones a Estados Unidos volvieron a aumentar, se salió de la crisis de
aquel entonces ocasionada por la Gran Depresión. Ante el malestar de la
población en todos los países por el desempleo generado por esta crisis quedó
claro que los gobiernos no podían permitir esa zozobra y, en adelante, tendrían
que intervenir en la economía.
Sustitución de importaciones
Una vez concluida la Segunda Guerra Mundial apareció la
amenaza de una crisis económica para México, ya que disminuyeron las
exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos, pues este país ya podía abastecer
su mercado, y como en México aún no se producían todos los bienes que requería
la industria, se intensificaron las importaciones por el aumento de la
prosperidad de la actividad industrial y los capitales salieron del país para
regresar a sus lugares de origen. Con el fin de evitar una recesión económica,
el gobierno expandió su gasto y aumentó la cantidad de dinero en circulación.
Esto provocó el incremento de los precios, aunque las tasas de desempleo no
fueron muy altas. El gobierno intentó frenar la crisis del peso mediante la
restricción a las importaciones de bienes de lujo; fue inútil. No logró detener
la demanda de dólares y, por tanto, no pudo evitar una nueva depreciación del
peso en 1948, pero marcó el inicio de la política “proteccionista”, o también
denominada política de sustitución de importaciones. A partir de entonces, esta
política fue evolucionando con el paso del tiempo y se volvió más restrictiva y
elaborada cada vez. Los aranceles, o impuestos a las importaciones, se
transformaron en cuotas o límites cuantitativos específicos, de modo que sólo
se podía importar un número específico de los bienes protegidos. Por ejemplo,
podía haber una limitación a importar 1 000 camiones de carga de ocho llantas
anualmente. Quedaba prohibido importar más unidades que esa cantidad. Durante
los años cincuenta, y hasta principios de los sesenta, la economía mexicana
experimentó una gran prosperidad. El crecimiento del PIB fue de más de 6% en
promedio anual. El PIB por habitante o per cápita también mejoró muy
rápidamente (3.0% al año), a pesar del alto crecimiento de la población que
entonces era de 3.1% anual. Por cierto, la tasa de crecimiento de la población
era así de alta porque la tasa de mortalidad infantil se había reducido de
manera notable, debido a las mejoras en la sanidad de la población (vacunas,
limpieza y cuidado de alimentos, entre otras) (fi gura 2.4). Al mismo tiempo,
las mujeres seguían teniendo más o menos el mismo número de embarazos que en
años previos, por lo que la tasa de natalidad (tasa de fertilidad menos tasa de
mortalidad infantil) aumentó considerablemente, y morían menos bebés que antes.
México ocupaba entonces uno de los primeros lugares de crecimiento económico
per cápita a nivel mundial. Además, dado que la fuerza laboral estaba
aumentando menos que la población la productividad laboral o el producto
promedio por trabajador se acrecentaba aún más, marcando uno de los periodos
prolongados de mayor bonanza en la historia contemporánea del país. ¿Por qué no
aumentaban en aquellos años la población y la fuerza laboral al mismo ritmo?,
¿qué se necesitaría para que ello ocurriera?
La economía no era lo único que prosperaba. En cuanto a
la cultura, el arte mexicano en todas sus expresiones también floreció. Fue la
época del rompimiento del muralismo heredero de la revolución por pintores como
José Luis Cuevas (1934-2017) y Rufino Tamayo (1899-1991), que modificaron la
temática y el formato de los decenios previos.
El éxito económico de esos años se debió a que la
inversión total, pública y privada, aumentó con rapidez (7% en promedio anual
durante los años cincuenta) y por encima de lo que creció el PIB. Un factor
central que explica el dinamismo de la inversión privada era contar con un
mercado cautivo que no tuviera competencia del exterior. Este sistema
proteccionista, que estaba basado en aranceles (impuestos a la importación de
productos) y cuotas de importación (cantidades limitadas de bienes que se
podían importar), fue refinado y acentuado a lo largo de los años cincuenta.
Sin embargo, la fuerza que mostraba la economía mexicana
comenzó a crecer a un ritmo mucho más lento hacia el final de los años
cincuenta y principios de los años sesenta, comparado con el aumento de años
previos. Parecía que el esquema de desarrollo comenzaba a mostrar signos de
fatiga, de que ya no se podría seguir igual.
Desarrollo estabilizador
El periodo de 1958 a 1970 se conoce como el “desarrollo
estabilizador”. A éste se le reconoce como aquel en el que hubo mayor
prosperidad y una inflación muy baja, y por lo general se le compara
favorablemente con cualquier otro periodo de la historia económica del país. Es
cierto, la economía mexicana disfrutó de uno de sus periodos de crecimiento de
mayor éxito durante los años sesenta. El PIB creció 6.5% por año entre 1960 y
1970, y el PIB por habitante aumentó 3.1% al año. La inflación fue de apenas
2.3% en promedio durante todo el decenio. En esa prosperidad, el gobierno tuvo
más recursos para invertir. Por ejemplo, se expandieron notablemente los
servicios educativos y del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), así
como en la infraestructura carretera y la generación de energía eléctrica. Al
mismo tiempo, la expansión del comercio mundial, y por tanto de las
exportaciones mexicanas, le dio a México la oportunidad de mantener el tipo de
cambio fi jo, desde 1954, a 12.50 pesos por dólar. Por estas razones, el
desarrollo estabilizador se ha quedado en el imaginario público como el más
próspero y necesario de emular, a pesar de que en realidad ya tenía problemas
serios y no se iba a poder mantener en el largo plazo. No obstante, es verdad
que durante la década de 1960 hubo gran prosperidad y también se aceleró el
proceso de urbanización y crecimiento de las ciudades. Para 1970, 48.6% de la
población ya vivía en zonas urbanas (poblaciones mayores a 1 500 habitantes)
El desarrollo del país durante estos años, como había
sido en realidad desde los años treinta, se enfocó del todo hacia el mercado
interno, y en especial en la industria, auxiliado por un vigoroso sector
bancario y financiero. Para entonces, las empresas nacionales estaban
proveyendo la mayor parte de los bienes de consumo. Lo que seguía, era integrar
verticalmente todas las actividades productivas, es decir, se debían producir también
bienes intermedios y de capital, lo cual no iba a ser fácil. Mientras tanto, la
agricultura y la industria extractiva se rezagaron con respecto a la industria
y a los servicios, hasta casi llegar a su paralización.
Sin duda, un éxito importante del modelo de desarrollo
estabilizador durante los años sesenta fue el alto crecimiento y la baja inflación.
En promedio anual, la inflación fue de apenas 2.3%, a
pesar de que los déficit fiscales registrados en los años sesenta fueron
superiores a los observados en los años cuarenta y cincuenta. El gobierno pudo
contener la inflación porque no imprimió dinero para pagar sus gastos cuando
los impuestos fueron insuficientes. Más bien, recurrió a pedir prestado a los
bancos. El financiamiento al gobierno otorgado por el sistema financiero pasó
de 12% en 1963 a casi 25% en 1970. Así, estas cifras estuvieron influidas sin
duda por la ausencia de guerras u otras crisis externas que alteraran
fuertemente la economía internacional, como ocurrió durante la Segunda Guerra
Mundial o la Guerra de Corea apenas algunos años antes. Además del desempeño
económico positivo, el avance en la educación básica y secundaria fue también
muy importante durante el periodo 1940-1970.
Con el tiempo, esta política de mexicanización estimuló
la inversión mexicana en las industrias protegidas y, en algunos casos, hubo
resultados positivos, como en la minería, que recuperó parte de su dinamismo.
Pero al mismo tiempo, el exceso de protección significó en muchas ocasiones la
pérdida de eficiencia que hacía muy difícil que estas industrias produjeran con
eficiencia y compitieran en el exterior. Su productividad era menor a la que
tenían otras empresas semejantes en otras partes del mundo. Y si no se podía
exportar, ni tampoco había inversión extranjera, entonces los dólares que se
necesitaban tendrían que provenir del endeudamiento externo. No había otra
manera. Como consecuencia, la deuda del gobierno mexicano con el exterior se
duplicó en la década de 1960. Ello limitaría más adelante el crecimiento
económico, pues el gobierno tendría que cubrir los intereses y amortizaciones
de la deuda, lo que le quitaría recursos para cubrir sus gastos regulares, como
educación, salud y otros servicios públicos. Estas limitaciones tendrían
consecuencias y se harían evidentes en el decenio siguiente.
Una segunda debilidad del modelo de desarrollo
estabilizador es que se descuidó el campo y se privilegiaron la industria y las
actividades económicas urbanas. ¿En qué sentido? Por un lado, con una buena
intención, el gobierno había creado la Compañía Nacional de Subsistencias
Populares (Conasupo), con el fi n de garantizar un precio mínimo a los
campesinos y evitar así que los intermediarios se quedaran con las ganancias,
de por sí pocas, de los agricultores. Es decir, Conasupo se convertía en el
principal comprador de productos esenciales del campo, como maíz, trigo, soya,
frijol, y muy pronto desplazó a cualquier otro comercializador potencial.
Entonces, el precio que fi jara la Conasupo sería prácticamente el precio de
mercado
Una tercera debilidad del desarrollo estabilizador, quizá
la más fundamental, fue la creciente incapacidad de la economía mexicana, o más
bien de los mexicanos, para podernos bastar a nosotros mismos. Dicho de otra
manera, en ese tiempo se hizo evidente que no podíamos generar los recursos
necesarios para poder crecer. Los ahorros que teníamos no eran sufi cientes
para cubrir la inversión que se requería. Necesitábamos que otros países nos
prestaran los recursos que generaban por un excedente de producción, es decir,
que habían producido de más, para que nosotros pudiéramos completar los
recursos que requeríamos. A eso se le llama la brecha entre ahorro interno e
inversión, que entonces tuvo que cubrirse con ahorro externo.


Comentarios
Publicar un comentario